viernes, 24 de octubre de 2008

tanatodiagnostico

SIGNOS DE MUERTE


Signos inmediatos.

neurológicos: inmovilidad, flaccidez en la musculatura, perdida de reflejos, relajación de esfínteres. cardiovasculares: ausencia de latidos cardíacos.
respiratorios: inmovilidad torácica y ausencia de respiración.

Según las características del lugar (temperatura, humedad), en el que se encuentra el cadáver, irán apareciendo los
Fenómenos cadavéricos mediatos, que son:
Enfriamiento: la temperatura normal del ser humano es de alrededor de 36° C. Se calcula que ésta desciende 1° por hora, nivelándose a la temperatura ambiente a las 24 horas.
Deshidratación: pérdida de agua por evaporación. el cuerpo pierde peso. si la desecación es rápida, se produce momificación.
Livideces cadavéricas o Manchas de posición: después de la muerte, la sangre permanece líquida y es movilizada por acción de la gravedad. La posición de las livideces está determinada por la posición del cuerpo si ésta es invariable por lo menos por 3 horas. Los puntos de apoyo no reciben sangre.
Rigidez cadavérica o Rigor Mortis: los músculos se endurecen por efecto de la deshidratación y acidificación post mortem. Se desarrolla después de la flaccidez muscular a las 3 horas aproximadamente. comienza por la mandíbula, nuca, cara, tronco, extremidades superiores y finalmennte las inferiores. A las 13 horas de iniciada, la rigidez es completa, persiste por 24 a 36 horas y posteriormente desaparece para dar paso al proceso de putrefacción. El Espasmo cadavérico es la rigidez que ocurre en el mismo instante de la muerte, ocurre, por ejemplo, en el caso del suicida con arma de fuego: el dedo aprieta fuertemente el gatillo.
examen externo: a) vestimentas, b) examen superficie corporal: peso, talla, sexo, contextura. c) piel: color, lesiones, cicatrices; d) ojos, nariz, boca; e) regiones de interés médico-legal: cuello, axilas, pliegues inguinales, región anogenital; f) fenómenos cadavéricos: rigidez, livideces, putrefacción, conservación, fauna cadavérica. exámenes de laboratorio: grupo sangguíneo y Rh; alcoholemia; examen toxicológico. en heridas por arma de fuego, exámenes de residuos de nitratos y carbonos.

TANATOCRONODIAGNOSTICO

La determinación de la data de la muerte es uno de los problemas más complicados que se le pueden presentar al médico legista; pero también su importancia criminológica es trascendental. Fijar con exactitud el momento en que se ha producido una muerte equivale, en la mayor parte de las ocasiones, a descubrir al verdadero autor y a librar de una falsa acusación al inocente.

El diagnóstico de la data de la muerte se apoya en nuestros conocimientos sobre el momento de aparición y la evolución cronológica de los fenómenos cadavéricos. Pero, como es sabido, multitud de influencias activan o retardan los cambios cadavéricos, influencias unas veces de origen ambiental y otras propias del cadáver. Por ello, cuando en la práctica se dice que un cadáver tiene una data de cuatro o seis días, o de cuatro o seis meses, no se hace más que una presunción aproximada, ya que cadáveres de distintas fechas pueden presentar el mismo aspecto y cadáveres de la misma data sometidos a influencias diversas pudren con distinta rapidez.

Por estas razones se han multiplicado las investigaciones tendentes a proporcionar el signo ideal que llegara a determinar con exactitud la data de la muerte; hasta el momento, sin embargo, ninguno ha satisfecho esta aspiración. Para fijar la data de la muerte no hay que basarse sólo en un signo, sino en un conjunto de ellos y valorarlos críticamente, teniendo en cuenta una multitud de circunstancias exteriores y también individuales que pueden influir en la marcha y duración de los diferentes fenómenos cadavéricos. Se trata, efectivamente, de datos que cada uno por su lado carecen de significado determinante, pero adquieren peso y valor a través de su recíproca integración.

Decía Corín: "Todos los métodos y procedimientos imaginables para determinar con precisión el momento de la muerte, excelentes cuando se les estudia en los animales de laboratorio o in vitro, se resienten en la práctica de dificultades que provienen de factores que obran en los más diversos sentidos y de los cuales no se da uno apenas cuenta en el terreno experimental". Y, por las mismas razones, afirmaba Orfila que la solución del problema de la cronología de la muerte era una empresa superior a las fuerzas humanas; agregando Thoinot que tal afirmación axiomática resulta verdadera en general.

Dada la notable abundancia de signos propuestos para el diagnóstico de la data de la muerte, se hace preciso sistematizarlos y, sobre todo, enjuiciarlos en su verdadero valor. Para hacer este estudio clasificaremos los signos propuestos según su cronología, dividiéndolos en dos grandes grupos. En el primero incluimos los signos aplicables a los cadáveres recientes, entendiendo por tales aquellos en los que aún no se ha iniciado la putrefacción cadavérica. En el segundo grupo estudiamos los signos a evaluar en el cadáver ya antiguo, considerando a esta ase aquellos cadáveres en los que la putrefacción ya iniciada, no ha llegado aún al período esquelético. La determinación de la data de a muerte en el esqueleto constituye una investigación especializada, en la que no podemos entrar.

SIGNOS PARA LA DATA DE LA MUERTE EN EL CADAVER RECIENTE

Fenómenos de sobrevivencia de tejidos y partes orgánicas.

Los distintos elementos orgánicos van perdiendo sucesivamente sus propiedades vitales, según su grado de tolerancia a la anoxia. El conocimiento del orden en que se van extinguiendo las funciones vitales de los distintos tejidos y partes orgánicas puede servir, en los primeros momentos de la muerte, para deducir cuando tuvo lugar.

Entre los datos capaces de producir indicaciones útiles figuran:

Los movimientos fibrilares de los epitelios respiratorios han sido demostrados todavía trece horas y, más raramente treinta horas después de la muerte. Asimismo, la fagocitosis en el territorio de las fosas nasales ha sido comprobada hasta 68 horas post mortem.


La movilidad de los espermios contenidos en las vesículas seminales se observan hasta 34 - 36 horas después de la muerte. Muy raramente persiste durante períodos de tiempo mayores (en un caso 127 horas post mortem).


La excitabilidad eléctrica de la musculatura o mecánica dura de dos a seis horas después de la muerte.


La conducción nerviosa motora de los impulsos generados en un estimulador nervioso persiste, para las fibras más resistentes de los nervios medianos o cubital; durante los primeros 30 a 40 minutos la latencia del potencial evocado en el músculo correspondiente se mantiene dentro de límites normales, mientras que su amplitud desciende significativamente.


Según Ritter las pupilas reaccionan todavía a la instilación conjuntival de eserina durante las dos primeras horas que siguen a la muerte, mientras que a la atropina reaccionan durante las cuatro primeras horas. En cambio, la inyección endobulbar, tanto de la una como de la otra sustancia, provoca respuesta pupilar hasta 24 horas después de la muerte.


Hayashi ha comprobado cambios en la actividad fagocítica de los leucocitos de fetos y recién nacidos, que están en relación con el tiempo transcurrido desde la muerte, el tipo de célula, la temperatura y las estaciones, apuntando que tales resultados podrían ser usados como criterio para juzgar el intervalo post mortal.


Shikata y cols. Ha investigado la cronología de la muerte (death rate) de los leucocitos en la sangre, determinando el porcentaje de leucocitos muertos, mediante el método de Seyderhelm. Según sus resultados, a las cinco horas solamente se cuenta un 8% de leucocitos muertos, porcentaje que asciende a un 58% a las 30 horas y alcanza el 98% a las 70 horas de la muerte.


Wada, utilizando un método especial previamente descrito por él mismo, ha estudiado la excitabilidad de las glándulas sudoríparas en el cadáver, demostrando que dicha capacidad se mantiene hasta treinta horas después de la muerte, por lo que sugiere que éste método podría ser utilizado en la determinación del momento del fallecimiento.


Son asimismo interesantes los trabajos de La Cavera, de la escuela genovesa del profesor Franchini, que ha estudiado la transformación blástica de los linfocitos estimulados por las fitohemaglutininas,. La transformación blástica es una forma de resistencia del linfocito e indica vitalidad, por lo que se va extinguiendo progresivamente después de la muerte. A las seis horas post mortem aún hay transformación blástica del 50% de los linfocitos; este porcentaje desciende hasta un 35% de los linfocitos a las 12 horas; a las 24 horas sólo se transforman el 27% y a las 36 horas el 10%.


Fenómenos Cadavéricos.

Son los más utilizados en el cronotanatodiagnóstico, si bien no pueden proporcionar datos exactos, dada la abundancia de causas que modifican el momento de aparición, la duración y el momento de desaparición de los mismos. Sin embargo, dentro de las primeras 12 horas después de la muerte sus indicaciones son muy aproximadas y hasta las 48 horas se deducen de su estudio indicaciones útiles en la práctica judicial.

Como orientación de conjunto sigue siendo válido el esquema clásico de Vibert:


Si el cuerpo está aún caliente, sin rigidez y sin livideces, la muerte es reciente, datando a lo sumo de 6 a 8 horas.


Si el cuerpo está frío, rígido, con livideces muy acentuadas y la putrefacción no ha comenzado aún, la muerte data de 24 a 48 horas.


Si la rigidez ha desaparecido, existe la mancha verde abdominal y los gases empiezan a desarrollarse en el abdomen o debajo de la piel, la muerte data de mas de 36 horas.


Fatteh (Handbook of Forensic Pathology, 1973) ha elaborado un esquema gráfico, el reloj de la muerte donde se han reflejado de una forma muy objetiva los principales cambios que se producen en las primeras doce horas después de la muerte. Si analizamos aisladamente cada uno de los fenómenos abióticos, se pueden deducir indicaciones más precisas:

Deshidratación.

Interesa únicamente la localización de éste fenómeno en el globo ocular:


La pérdida de la tensión ocular se establece de forma progresiva y puede seguirse cuantitativamente con un tonómetro. Luttemberger (1971) ha llevado a cabo una observación sistemática de este proceso en 50 cadáveres, comprobando que la tensión desciende de 20 mm de mercurio a 12 mm a los 10 minutos después de la muerte; a los 20 minutos la tensión es de 10 mm de mercurio; a los 30 minutos es de 7 mm de mercurio y a las dos horas después de a muerte ya no es posible medir la tensión ocular con el tonómetro de Schioetz, aunque la caída total no se produce hasta las 15 horas.


El enturbamiento de la córnea tiene una cronología diferente según que el cadáver haya permanecido con los ojos abiertos o cerrados. En el primer caso, la córnea pierde su transparencia a los 45 minutos después de la muerte; en el segundo a las 24 horas, aunque el fenómeno empieza a las 8 o 10 horas, aumentando la turbidez poco a poco.


La mancha esclerótica no está bien delimitada después de 6 horas post mortem.


Enfriamiento.

Como dato de orientación debe señalarse que el enfriamiento de pies, manos y cara se hace perceptible, incluso al simple tacto, una o dos horas después de la muerte. Por el contrario, las partes cadavéricas cubiertas con los vestidos sólo acusan evidentemente que han comenzado a enfriarse de cuatro a cinco horas post mortem.

Para obtener una mayor exactitud se requiere el realizar mediciones termométricas, que deben ser siempre rectales, ya que la temperatura cutánea tiene mayores márgenes de error. De acuerdo con los estudios clásicos de Greggio y Valtorta la curva de dispersión térmica viene caracterizada por tres períodos:


Primer período: Dura 3 a 4 horas; la temperatura corporal disminuye en no menos de 0.5ºC por horas.


Segundo período: Comprende las 6 a 10 horas siguientes; la pérdida de temperatura es de alrededor de 1ºC por hora.


Tercer período: Abarca desde las 15 a las 24 horas post mortem; la temperatura corporal disminuye en 0.75º, 0.50º ó 0.25º C, sucesivamente, por hora, hasta nivelarse con la temperatura ambiente.


Marshall y Hoare (1962), en base a sus estudios matemáticos sobre la curva de dispersión térmica, consideran que la evolución del enfriamiento, seguido mediante mediciones termométricas en el recto, estaría mejor expresada en los siguientes períodos de tres horas cada uno:


Durante las tres primeras horas después de la muerte, la temperatura desciende alrededor de 0.5ºC por hora.


Durante las siguientes 3 horas, la temperatura desciende 1ºC por hora.


Durante las 3 horas siguientes, la temperatura desciende 1ºC por hora.


Durante las 3 horas siguientes, la temperatura desciende 0.75ºC por hora.


Entre las 12 y 15 horas después de la muerte, la temperatura desciende 0.5º por hora.


Los anteriores datos se refieren al supuesto de que la temperatura ambiental sea de 16ºC y que el cadáver se encuentre desnudo; si el cadáver permanece vestido, los mismo autores calculan que le enfriamiento se hace un 66% más lento.

Para facilitar el cálculo de la hora de la muerte se ha aconsejado algunas fórmulas que, aproximadamente, darían el número de horas transcurridas desde que se inició el enfriamiento. Ross, por ejemplo, señala la siguiente fórmula, partiendo de la temperatura rectal en grados centígrados:

10 (37 - temperatura rectal) / 8 = Nº de horas.

A su vez, Glaister y Rentoul (1966) proponen la siguiente fórmula, muy similar a la anterior, pero en la que parten de la temperatura rectal media en grados Farenheit, y para la que suponen que la temperatura en el momento de la muerte es de 98.4ºF:

98.4º - Temperatura Rectal / 1.5 = Nº de horas.

Estas fórmulas, como otras similares que se han elaborado, sólo son válidas para las primeras 12 a 15 horas después de la muerte y en ellas hay que aceptar un cierto margen de error.

Un reciente avance técnico puede facilitar el diagnóstico de la data de la muerte por la marcha del enfriamiento cadavérico. En efecto, desde 1962 se dispone de termógrafos infrarrojos comerciales, que diez años después poseen un notable grado de perfeccionamiento, lo que ha hecho posible su aplicación en clínica y también en Medicina Legal. El termógrafo obtiene imágenes del calor producidas por las radiaciones infrarrojas emitidas espontáneamente por todo cuerpo cuya temperatura sea superior a la del cero absoluto. Por medio de un espejo esférico el aparato capta las radiaciones infrarrojas del cuerpo humano y las focaliza sobre un detector cuántico puntiforme de telurio de mercurio y cadmio. La diversa intensidad de los rayos infrarrojos es proporcional a la temperatura y hace variar la conductibilidad, la que es materializada en señales eléctricas que son ampliadas y hechas visibles en la pantalla de un tubo catódico. El registro obtenido puede ser en blanco y negro, correspondiendo el blanco a la zona de mayor temperatura; o en color, en cuyo caso se obtiene una gama de colores que van del blanco y amarillo, correspondientes a las temperaturas más altas, pasando por tonos verdes, azules, que se convierten en violetas y negros para las más frías.

Con la termografía infrarroja puede obtenerse un mapa térmico del cadáver, en el que aparece reflejada la temperatura de todos los puntos de la superficie cutánea, con lo que se obtiene una información completa y puntual de la marcha del proceso de enfriamiento. Los termogramas pueden ser, como hemos visto, en blanco y negro o en color; en ambos casos deben compararse con colecciones de mapas térmicos realizados en horarios sucesivos después de la muerte y obtenidos en las mismas condiciones técnicas. El profesor Frontela, que ha dedicado varios trabajos al tema, destaca en el enfriamiento de la superficie corporal estudiada por termografía infrarroja la pérdida del paralelismo térmico vital, debido a que el descenso térmico no es similar ni proporcional en toda la superficie cutánea. El enfriamiento se hace visible en los termogramas ya a los 30 minutos y se hace más acusado a las dos horas. A las cinco horas, las extremidades y la cabeza aún conservan tonos cálidos, mientras que en el cuello, tórax y abdomen se acusa el enfriamiento. A las veinte y cuatro horas después de la muerte tiende a uniformizarse la temperatura cutánea, pero aún se distinguen tres zonas: una, que corresponde al epigastrio e hipocondrio derecho, cuya temperatura es superior a la ambiental entre 8 y 12 décimas de grado; la región central del cuerpo que posee una temperatura de 4 a 6 décimas de grado centígrado superior a la ambiental; y el resto del cadáver que se encuentra a la temperatura ambiente.

El método parece poseer un notable grado de discriminación térmica, que lo hace ideal para el cronotanatodiagnóstico. Sin embargo, su generalización está gravemente dificultada por lo oneroso de la instalación termográfica.

Livideces Cadavéricas.

La iniciación de las primeras livideces en la región posterior del cuello (permaneciendo el cadáver en decúbito supino) tiene lugar de 20 a 45 minutos después de la muerte; empiezan a confluir después de 1 hora 45 minutos; en el resto del cadáver aparecen de 3 a 5 horas después de la muerte.

Otro dato cronológico se deduce de la posibilidad de transporte de las livideces cadavéricas, bien cambiando la posición del cadáver, bien comprimiendo fuertemente con el pulgar o con un vidrio resistente, que las hace desaparecer. Cuando estas maniobras conceden aún resultados positivos, debe aceptarse que el tiempo transcurrido desde la muerte no es superior a 10 - 12 horas.

Rigidez cadavérica.

A grandes rasgos, su primera manifestación, casi siempre en el articulación de la mandíbula, se hace ostensible después de las 2 a 4 horas que siguen a la muerte, y se extiende a la totalidad de la musculatura esquelética después de las primeras 6 a 8 horas post mortem. Venciendo con violencia la rigidez, el músculo puede volver a ponerse rígido si esta maniobra se hace en las 7 u 8 horas inmediatas a la muerte. La rigidez se completa hacia las 13 horas; comienza la resolución espontánea a las 48 horas, concluyendo transcurridos 2,3, ó 4 días después de la muerte.

Contenido gástrico.

Se ha propuesto utilizar para la determinación del momento de la muerte el estado de digestión de los alimentos hallados en el estómago, cuando se conoce por declaraciones ciertas, la hora en que el sujeto hizo su última comida. Desgraciadamente la capacidad digestiva de los distintos sujetos es demasiado variable, tanto por razones de fisiología individual como por estados patológicos locales o generales; asimismo, los diferentes alimentos, según su composición, cantidad, adición de bebidas alcohólicas, etc. Modifican sensiblemente el tiempo digestivo; finalmente, se admite la existencia de una digestión post mortal, que constituye un nuevo factor de error. En consecuencia como decía Simonín "la culpabilidad" de un individuo no debe depender exclusivamente de una cuestión de fisiología tan poco conocida".

Pero aún con tales salvedades, el perito médico que comprueba en el acto de la autopsia el contenido gástrico y anota el estado de digestión, puede obtener información que en algunos casos será de gran utilidad en el cronotanatodiagnóstico. Para facilitarlo se han elaborado tablas en las que se indica el tiempo necesario para la digestión gástrica de los principales alimentos, de las que puede servir de ejemplo la siguiente tomada de Taylor:

Arroz 1 h. 00m.
Manzana cocida 1 h. 30m.
Carne de venado 1 h. 30m.
Sagú 1 h. 45m.
Pan 2 h. 00m.
Repollo 2 h. 00m.
Leche 2 h. 00m.
Ostras crudas 2 h. 15m.
Patatas asadas 2 h. 30m.
Pavo 2 h. 30m.
Oca 2 h. 30m.
Flan cocido 2 h. 45m.
Cordero 3 h. 00m.
Huevos blandos 3 h. 00m.
Carne de vaca 3 h. 00m.
Zanahorias hervidas 3 h. 15m.
Patatas hervidas 3 h. 30m.
Nabos cocidos 3 h. 30m.
Manteca y queso 3 h. 30m.
Ostras estofadas 3 h. 30m.
Huevos duros 3 h. 30m.
Carne de cerdo cocida 3 h. 30m.
Carne de aves 4 h. 00m.
Volatería silvestre 4 h. 30m.
Carne de vaca salada 5 h. 30m.
Cerdo asado 5 h. 30m.
Ternera asada 5h.30m.


Contenido intestinal.

En líneas generales existe una relación cronológica entre el estado de repleción de los distintos segmentos intestinales por los alimentos correspondientes a las últimas comidas y el momento de la muerte. Sin embargo, los datos de que disponemos son el resultado de los exámenes radiológicos del aparato digestivo practicados en el vivo con comidas de prueba y papillas de bario y bismuto, que no pueden trasladarse sin amplias reservas a cualquier otra comida. Según las observaciones de Groedel:

El duodeno es visible después de 5 a 15 minutos.
Estómago se ve normalmente después de 1, 2 a 4 horas.
Yeyuno visible después de 5 a 15 minutos.
Ileon visible después de 15 a 30 minutos.
Intestino delgado fuertemente lleno después de 3 a 5 horas.
Ciego visible después de 1 a 3 horas.
Flexura cólica derecha visible después de 2 a 6 horas.
Flexura cólica izquierda visible después de 4 a 12 horas.
Ampolla recta visible después de 24 horas.

La aplicación de estos valores promedios al diagnóstico de la data de la muerte debe hacerse teniendo en cuenta las amplias variaciones individuales del proceso digestivo y la sensible influencia dependiente de la naturaleza de los alimentos.

Estado de la vejiga.

Aunque sometido este dato a variaciones, que pueden asimilarse a lo indicado para el aparato digestivo, en algunas ocasiones suministra criterios para establecer la data de la muerte. las condiciones más favorables se dan cuando la muerte ocurre por la noche, ya que habitualmente la vejiga se vacía al acostarse, llenándose progresivamente en el curso de la noche para alcanzar por la mañana un volumen que oscila entre 300 y 400 cc. En condiciones normales.

Cuerpo amarillo.

Mayores limitaciones aún tiene el estado de evolución del cuerpo amarillo en la mujer joven, pese a lo cual se cita algún caso en que ha sido útilmente aprovechado cuando se conocía la fecha de la última menstruación.

Crecimiento de los pelos de la barba.

Balthazard Derobert han determinado en crecimiento del pelo de la barba obteniendo un valor medio de 0.021 milímetros por hora, es decir, 0.5 milímetros por día. Este dato, unido al hecho demostrado de que el crecimiento se interrumpe en el momento de la muerte, permite establecer la data del fallecimiento por la longitud del pelo de la barba cuando se conoce el momento en que el individuo fue afeitado por última vez, así como tener en cuenta el factor de deshidratación corporal.

Debe tenerse en cuenta para el cronotanatodiagnóstico que la velocidad de crecimiento de los pelos no es igual en todos los sujetos e incluso que en un mismo sujeto existen variaciones estacionales y climáticas, como han demostrado Sapin – Jaloustre y Goddard, comparando el crecimiento de la barba en el Antártico y en el Pacífico, con diferencias que iban desde 0.25 milímetros por día en el primero a 0.325 milímetros por día en el segundo.

Espesamiento sanguíneo.

Ha sido investigado sistemáticamente por Ponsold, quien determina la proporción entre cuerpos formes sanguíneos y plasma en la sangre contenida en el corazón. Normalmente dicha proporción oscila entre el 37 y el 53%; un contenido de plasma inferior al 40% indica espesamiento sanguíneo, proporción que se encuentra a las 6 horas de la muerte. A las 12 horas el valor es del 30% mientras que a las 18 horas se encuentran cifras del 20%. Parece que ciertas influencias ambientales (temperatura, sequedad, etc.) pueden hacer variar sensiblemente los resultados.

Tanatoquimia.

Con este nombre, acuñado por Evans, entendemos, siguiendo a Villanueva, la aplicación de la metodología y las técnicas de la bioquímica al estudio del cadáver con fines forenses. Los trabajos del propio profesor Villanueva y sus discípulos Castellano, Luna, Céspedes, Rodrigo, Jiménez Ríos, etc. Han contribuido decisivamente al conocimiento de los cambios postmortales que se producen en órganos, tejidos y humores, en vistas a su aprovechamiento en el cronotanatodiagnóstico.

Entre sus resultados debe destacarse la demostración de que el estudio del humor vítreo y del líquido pericárdico concede resultados más fiables que el de la sangre al no estar afectados por la contaminación debida a la hemólisis. Los mismo había señalado Schourup (1950) por lo que respecta al líquido cefaloraquídeo. Otros trabajos han demostrado el interés del líquido sinovial y del humor acuoso.

Las alteraciones bioquímicas que han sido investigadas han abarcado a los componentes orgánicos más frecuentes: hidratos de carbono, prótidos, lípidos, enzimas, hormonas, vitaminas y electrolitos.

Las siguientes conclusiones del profesor Villanueva destacan los hallazgos más importantes en este campo de la tanatoquimia:


De los fenómenos bioquímicos los mejores resultados se obtienen ligando varios en fórmulas matemáticas, tales como la de Schourup.


El humor vítreo es el mejor medio para estudiar el potasio, único elemento que mantiene una correlación con el tiempo post mortem.



Signos para la data de la muerte en el cadáver antiguo
Datos extrínsecos
Si, como decía Piga Pascual, el problema de determinar la data de la muerte es esencialmente médico legal y no anatómico, por lo que hemos de recurrir a todos los elementos de juicio que se consideren necesarios para la peritación, habrá ocasiones en que elementos extraños a la evolución del cadáver nos proporcionen datos de gran valor en el tanatocronodiagnóstico.
Así, habrá ocasiones en que la identificación del cadáver jugará un importantísimo papel en la determinación de la data de la muerte. En efecto, identificando la persona cuyos restos son objeto del estudio, se habrá logrado la determinación de la data de la muerte cuando se conozca la fecha de su desaparición, por ejemplo. En este juicio médico legal juegan un valioso papel todos aquellos restos que acompañan al cadáver, en especial los más resistentes a la descomposición: medallas, anillos, zapatos, documentos, personales, vestidos, periódicos, billetes de medios de transporte, etc.
Si el cadáver yace sobre la hierba, podemos aprovechar ciertos cambios de aspecto y coloración que contrasten son los que aparezcan en la hierba situada alrededor del cadáver y que se deben a que éste actúa como pantalla, impidiendo la acción de la luz solar. En nuestros climas bastan 5 o 6 días para que la hierba sustraída a la acción del sol adquiera un aspecto pálido y marchito.
La distinta duración de la cuerda de los diferentes tipos de relojes pueden proporcionar, asimismo, un indicio acerca del momento de la muerte, si cuando se examina el cadáver aún está en funcionamiento el reloj, debiendo entonces determinar el tiempo de funcionamiento que aún resta para establecer cuando se le dió cuerda por última vez.
Basten estos ejemplos para dejar constancia de cómo son útiles toda clase de indicios, siempre que e valoren con la prudencia exigida por sus limitaciones.
Evolución de la putrefacción.
Como se dijo anteriormente, la putrefacción evoluciona en cuatro períodos: cromático, enfisematoso, colicuativo y de reducción esquelética. La marcha de este proceso destructor del cadáver representa pues, un criterio para evaluar el tiempo transcurrido desde la muerte.
En efecto, como ya vimos, la duración de cada uno de los períodos de que consta es relativamente fija y va aumentando en orden creciente. El primero y el segundo se evalúan en días; el tercero en meses y el cuarto en años. En general, para nuestros climas bastan con dos o tres años de inhumación para que desaparezcan en su mayor parte los tejidos blandos, mientras que los ligamentos y cartílagos resisten más, no llegándose a la tonta esqueletización hasta después de cinco años.
Si se trata de una exhumación, después de haber obtebido del director del cementerio informes acerca de la rapidez con que la putrefacción se efectúa de ordinario, es a veces posible indicar, según el estado de los órganos de cadáver, la fecha de la muerte con dos o tres meses de aproximación. Si el cadáver ha permanecido al aire libre, las variaciones son más amplias y dependen en gran medida de las condiciones individuales y ambientales del caso en estudio.
En realidad, no hay ninguna ley que rija la marcha de la putrefacción, rápida en ciertas condiciones, de una lentitud sorprendente en otras. Por su parte, las transformaciones conservadoras de los cadáveres (saponificación, momificación) pueden modificar los plazos de destrucción del cadáver, aunque en algunos casos sean capaces de proporcionar por si mismos indicios cronológicos.
La prudencia en las conclusiones en esta fase de la evolución es tanto más necesaria cuando que son posibles errores de dos o tres años en la determinación de la data de la muerte. Lo que ha inducido a los investigadores a buscar elementos de juicio que suplan tales deficiencias.
Entomología Cadavérica.
En los primeros instantes que siguen a la muerte, y a veces ya la agonía, ciertos insectos acuden a poner sus huevos sobre los cadáveres, en los que eligen determinadas partes: hendidura palpebral, comisura de los labios, abertura vulvar, etc. Una vez inhumado el cadáver, se encuentra ya sustraído a la acción de nuevos insectos, pero es presa entonces de las larvas nacidas de los huevos depositados antes de la inhumación y que se alimentan de su sustancia en el féretro. Si el cadáver permanece al aire libre, intervienen sin cesar nuevos insectos quem por si solos o mediante sus larvas, lo atacan y devoran hasta hacer desaparecer completamente sus partes blandas.
Bergeret tuvo, en 1855, la idea de aplicar la entomología a la determinación de la muerte. Los estudios primitivos de este autor, los de Orfila, Redi, etc, sirvieron de punto de partida a Brouardel para solicitar el concurso de Megnin, quien los amplió y sistematizó, aunque falseándolos, en su afán de dar un esquema preciso.
Megnin designaba a toda agrupación de insectos que contribuye a la destrucción del cadáver en un período determinado con el nombre de cuadrilla de obreros de la muerte. Según el autor, los insectos de los distintos grupos no se presentan a la vez en un mismo cadáver; se sustituyen los unos a los otros, estando atraídos cada grupo por una etapa especial de la fermentación cadavérica, encargándose de cierta parte de la faena de la detracción, a la que no puede proceder hasta que las cuadrillas que los precedieron han terminado su cometido. Las especies que componen cada grupo pueden variar con la región, clima, estación, etc., pero dentro de estas condiciones es constante y característica la composición de la cuadrilla en los distintos períodos. Los insectos que componen la fauna cadavérica son dípteros, coleópteros, microlepidópteros y acarianos.
En total el autor identificó ocho cuadrillas:
Primera cuadrilla: Está formada por dípteros, moscas de las especies Musca y Curtonevra, en un primer momento, y después por otras moscas Caliphora y Anthomia. Ataca solamente los cadáveres frescos.
Segunda cuadrilla: Actúa tan pronto se hace sentir al aire libre el olor cadavérico. Sus componentes son moscas Lucilia y Sarcophaga.
Tercera cuadrilla: Interviene de tres a seis meses después de la muerte, atraída por las grasas fermentadas (fermentación butírica). La componen coleópteros (Dermestes) y lepidópteros (Aglossa).
Cuarta cuadrilla: Es atraída por la fermentación caseica o albuminoidea y se compone de moscas (Anthomia, Pyophila casei) y coleópteros (Corynetes).
Quinta cuadrilla: La atrae la fermentación amoniacal. Se compone de dípteros de los géneros de los géneros Tyreophora, Lochea, Ophyra y Phora; de coleópteros de la familia de los Sílfidos y de los géneros Necrophora, Silpha, Hister y Saprinus.
Sexta cuadrilla: Absorve el resto de los humores líquidos dejados por las anteriores cuadrillas, con lo que se desecan y hasta momifican las partes orgánicas que aún resistían. Son todos acarianos de los géneros Uropoda, Trachinotus, etc.
Sétima cuadrilla: Aparece cuando ya sólo quedan restos momificados que no dan pábulo a los agentes fermentativos; los obreros de esta cuadrilla son los mismos que roen los vestidos, tapices, pieles, etc. Son coleópteros (Dermestes, Attagenes, Anthrenes) y lepidópteros (Aglossa y Tineola).
Octava cuadrilla: La componen tan sólo dos especies de insectos que hacen desaparecer los restos que dejaron los demás géneros: Tenebrio y Ptinus.
Swegún Megnin, concurren a la desaparición del cadáver las distintas especies de insectos de una manera sucesiva, siguiendo un orden cronológico. Constituyen cuatro períodos:
El primer período dura tres o cuatro meses. Se caracteriza por la presencia de larvas de dípteros: Curtonevra, Calliphora, Lucilia, Sarcophaga. Por lo demás, de un modo general, cuando faltan los dípteros de este grupo en un cadáver, se puede deducir que en el momento de la muerte no había moscas; es decir, que ha ocurrido en invierno (1ª y 2ª cuadrillas).
El segundo período dura de tres a cuatro meses. Se encuentran en el cadáver los coleópteros del género Dermestes y los lepidópteros del género Aglossa (3ª cuadrilla).
El tercer período dura de cuatro a ocho meses. El cadáver aparece convertido en una papilla negruzca, líquida o semilíquida, de olor que recuerda el queso podrido. Se aprecian en él larvas de dípteros como los Phora u Anthomia, y coleópteros como los Silpha, Hister y Saprinus (4ª y 5ª cuadrillas).
El cuarto período dura de seis a doce meses. En los restos del cadáver, reducido a casi polvo, aparecen acarianos, tales como los Uropoda, Trachynotus, Anthrenes, Tenebrio y Ptinus (6º, 7º y 8ª cuadrillas).
La aplicación de estos datos al tanatocronodiagnóstico exige amplios conocimientos entomológicos. Recogidas muestras de los insectos presentes en el cadáver y de los restos de larvas, pupas, etc, identificadas las especies presentes, se determinarían las cuadrillas a que pertenecen y, por la sucesión de los ciclos vitales de los géneros correspondientes, podría deducirse la data de la muerte.
Evolución de la Putrefacción.
Manchas verdes y veteado venoso después de aproximadamente dos días.
Saponificación del tejido celular subcutáneo después de dos meses.
Transformación grasa del tejido celular subcutáneo y su exudación terminan del 2º al 4º mes.
Saponificación de los músculos de la nuca después de tres meses.
Transformación adiposa de los músculos superficiales de la cara después de seis meses.
Transformación adiposa de músculos profundos de la cara después de un año.
Desaparición de partes blandas en sepultados en fosas después de tres a cuatro años.
Desaparición de ligamentos y cartílagos en sepultados en tierra después de cinco años.
Momificación después de un año.
Signos en el esqueleto.
Capa de moho en sepultados en tierra de dos a cuatro años.
Desaparición de partes blandas en sepultados en fosas de tres a cuatro años.
Desaparición de ligamentos y cartílagos en sepultados en tierra a los cinco años.
Desaparición de grasas de los huesos de cinco a diez años.
Inicio de destrucción de huesos de diez a quince años.
Estado quebradizo, frágil y superficie porosa a los cincuenta años.
Signos en la médula ósea.
Puede hallarse médula en los primeros cuatro a seis años.
No hay médula, pero la cavidad está tapizada por una capa negruzca de materia orgánica en los seis a ocho años.
Cavidad medular blanqueada en diez años.
Signos en la escena de la muerte.
Fechas que corresponden a periódicos.
Grado de coagulación de leche en botellas.
Estado de la comida sobre la mesa.
Piojos en el cadáver (viven entre tres a seis días).


LOS SECRETOS DE LA AUTOPSIA




Láser, pruebas genéticas, simuladores 3D... estas son algunasde la herramientas que ahora usan los forenses para esclarecer asesinatos.

CÓMO SE HACE UNA AUTOPSIA
La denominada autopsia médico-legal se hace siempre por orden de la autoridad judicial en caso de muerte violenta o sospechosa de criminalidad, aún cuando por la inspección ocular exterior pueda presumirse el motivo del fallecimiento. Estos son los principales pasos:

Levantamiento del cadaver

En el sitio dónde se halla el cuerpo sin vida se persona, además de la policía, la comisión judicial, que está formada por el juez de instrucción, el secretario del juzgado y el médico forense. Este último constata que la víctima está realmente muerta. Posteriormente, se debe hacer un estudio escrupuloso de la escena del delito. Los expertos, entre otras cosas, realizan los siguientes actos: identificación del cadáver (si ésta es posible), descripción de los signos de muerte (livideces, rigidez...) y la estimación de la fecha de fallecimiento, anotación de todas las lesiones que se aprecian, realización de fotografías y esquemas del cadáver y su sitio, búsqueda de rastros de manchas, armas y demás indicios de interés criminalístico.

Examen externo del cuerpo vestido

Una vez trasladado el cadáver al instituto forense, se constatan los signos ciertos de muerte. Los forenses concretan la identidad de la víctima y realizan su descripción detallada: edad, estado de la dentición, talla, peso, color de pelo y ojos, cicatrices, tatuajes...
En ciertos casos, como son la muerte por carbonización y por armas blancas o de fuego, el cadáver es radiografiado. Por último los forenses analizan las roturas y manchas existentes en las ropas e intentan correlacionarlas con las lesiones corporales.

Examen externo del cuerpo desnudo

Tras retirar las vestimentas, se deben efectuar, entre otras, las siguientes actuaciones: tomar fotografías y hacer diagramas del cuerpo, así como de las heridas y anomalías congénitas o por enfermedad. Describir cada lesión, localización anatómica, tamaño, forma, color, trayectoria, características, etc. Recabar otras pruebas de interés criminalístico, pelos, bordes de las uñas, fibras, barro, polvo y fluidos corporales. Examinar y recoger muestras, si procede, de los orificios naturales.

Examen interno

La disección de los órganos se realiza básicamente mediante dos métodos: el de Virchow y el de Zenker. En el primero, el forense extrae las vísceras una a una y las examina por separado. Por el contrario, la técnica de Zenker consiste en sacar los órganos en masa y separarlos por sistemas orgánicos (aparato digestivo, respiratorio, genital...). Con independencia del método utilizado, cada autopsia incluye una serie de pasos que hay que seguir, según el tipo de muerte que se sospeche.
La extracción de órganos comienza con la retirada del cerebro, continúa por el cuello y el tórax, y finaliza en el abdomen. Las vísceras son pesadas y examinadas por dentro y por fuera. También se recogen muestras de ellas, para llevar a cabo estudios histológicos y toxicológicos que ayudan a esclarecer la causa de la muerte.
¿A QUÉ HORA DICE QUE FALLECIÓ?

Inmediatamente después de morir, ocurren una serie de procesos biológicos que conducen a la descomposición del cadáver y que, para los forenses, hacen las veces de cronómetros de la muerte. La putrefacción se suele definir como la descomposición de las materias orgánicas del cadáver, producidas por gérmenes y por hongos saprofitos, con formación de gases.
El primer signo de putrefacción bacteriana aparece a las 24 horas de la muerte. Se trata de la llamada mancha verde abdominal, que en sólo una semana se extiende por todo el cuerpo. A las 48 horas hace acto de presencia la cadaverina, un líquido que resulta de la química de la descomposición, y a las 72 horas el cuerpo empieza a hincharse, especialmente la cara, las mamas y el escroto. La red venosa superficial se hace más visible y en la piel se forman vesículas.
Entre la primera y segunda semana entran en acción los insectos artrópodos cadavéricos, también conocidos como escuadras de la muerte. Éstos se encargan durante los meses siguientes de dejar limpios los huesos.
¿CAUSAS NATURALES O CRIMEN SANGRIENTO?

El examen minucioso del cadáver, así como la autopsia, permite al médico forense recopilar los indicios necesarios para determinar si su dueño murió de forma natural, se suicidó o fue víctima de un homicidio. Cada tipo de muerte presenta unas características singulares que quedan grabadas en la piel, los tejidos y los órganos internos del difunto. Descubrirlas es una ardua tarea que pone a prueba la pericia del forense.
CONTUSIONES

Las lesiones traumáticas más frecuentes son producidas por el impacto contundente de un objeto liso. En este tipo de lesiones aparecen pequeñas equimosis, unas manchas violáceas originadas por sangre coagulada que se ha infiltrado en los tejidos. Además, los bordes de las heridas contusas nunca están totalmente separados, pues siempre hay vasos, fibras y nervios que, dada su gran elasticidad, no son seccionados por el golpe.
AHORCAMIENTO

Éste puede ser completo, cuando el cuerpo aparece totalmente suspendido en el aire, o incompleto, si muestra algún tipo de apoyo. El ahorcamiento presenta un color blanco cuando el lazo de la cuerda ha obstruido la circulación venosa y arterial, y azulado si sólo ha colapsado la venosa.
ESTRANGULAMIENTO

Normalmente, la estrangulación deja marcas en el cuello de la víctima. Ésta puede fallecer por un paro cardiaco, que sobreviene al presionar y lesionar el nervio vago a su paso por el cuello, o por sofocación, que puede establecerse mediante la presencia de pequeñas hemorragias en los ojos, la piel y los pulmones.
AGRESIÓN SEXUAL

Las violaciones y demás agresiones sexuales causan hematomas, hemorragias y otras heridas en el área genital de la víctima. El análisis genético del semen y los pelos del agresor sirven para su identificación.
ENVENENAMIENTO

Hoy, la mayoría de los suicidios y homicidios por envenenamiento se deben a sobredosis de fármacos y drogas, y rara vez al uso de arsénico u otros venenos clásicos. Los análisis bioquímicos e histológicos detectan su presencia en el cuerpo.
ARMA BLANCA

La forma de la herida, el tipo de incisión, su dirección y el alcance
Douglas Beamish, un canadiense que desde el 19 de julio de 1996 cumple condena por asesinato en segundo grado, jamás pensó que el gato de sus padres fuera a denunciarle. El relato del calvario de su víctima, Shirley Duguay, de 32 años comenzó cuando en octubre de 1994 desapareció de su casa de Richemond, Canadá. A los pocos días encontraron su coche abandonado y con la tapicería manchada de sangre. Tres semanas más tarde se halló a unos ocho kilómetros una chaqueta de cuero también manchada con sangre de la desaparecida, pero en la prenda había además algo adherido que llamó poderosamente la atención de la Policía. Se trataba de pelos blancos de gato. Mientras buscaban al dueño del animal, el cuerpo sin vida apareció semienterrado en una pequeña fosa en mayo del 96. Poco después fue detenido como sospechoso del crimen el novio de la víctima, quien vivía con sus padres y su gato. Los pelos hallados en la cazadora fueron comparados con los del gato para obtener las huellas genéticas, y al comprobar que se trataba de las mismas en ambos casos, fueron usadas como prueba concluyente para inculpar al asesino.
EL SABER MÉDICO AL SERVICIO DE LA POLICÍA

No cabe duda que los avances en genética y biología molecular están revolucionando la práctica de la medicina legal y forense, una disciplina que permite aplicar los conocimientos médicos a la investigación y el esclarecimiento de las muertes presuntamente violentas o sospechosas de criminalidad, y en la búsqueda e identificación del agresor.
Hoy por hoy, las huellas genéticas constituyen una auténtica revolución en lo que se conoce como criminalística biológica, o sea, el estudio de los vestigios exclusivamente orgánicos, como pelos, manchas de sangre, semen, saliva y pelos dejados por el agresor en el lugar del delito y que permiten reconocerle.
EN LAS HUELLAS DACTILARES HAY PEQUEÑOS RESTOS DE ADN

"Al profano puede costarle creer que a partir de muestras tan exóticas como la saliva que queda en el revés de un sello usado, el epitelio labial adherido a la boquilla de un cigarrillo o el bulbo de un pelo que apenas contiene 0,0000000001 gramos de ADN, podamos hoy inculpar o eximir un sospechoso", comenta Luis Frontela, director del Instituto Legal y Ciencias Forenses de Sevilla, y conocido por su participación en casos como el crimen de los Galindos y el de las niñas de Alcácer.
Pero la cosa no queda aquí. Los científicos forenses son capaces incluso de extraer de las huellas dactilares de los objetos que tocaron, muestras de ADN.
SE RECONSTRUYE EL DELITO POR LAS MANCHAS DE SANGRE

Obviamente la cantidad de material genético que se puede rescatar de una impresión dactilar es insuficiente para conseguir una huella genética. Ahora bien, gracias a una técnica automatizada que se conoce como reacción en cadena de la polimerasa o PCR, es posible realizar miles de copias del fragmento de ADN deseado. La prueba ha sido realizada en numerosos laboratorios y está permitiendo aportar insólitas evidencias en juicios de homicidios, violaciones, robos a mano armada, extorsión y tráfico de drogas.
A las pruebas genéticas se suman otras tecnologías de vanguardia que harían las delicias a Sherlock Holmes y su ayudante Watson. A la sobrada pericia de estos personajes habría que sumar las modernas técnicas fotográficas que retratan el cadáver y la escena del crimen con diferentes películas. Los equipos láser, que trabajan en distintas longitudes de onda para poner de manifiesto manchas inapreciables a simple vista. Los avances en entomología forense, que permiten calcular casi de forma matemática la fecha de la muerte a partir de la fauna cadavérica, y el desarrollo de la biomecánica, capaz de reconstruir cómo sucedió el homicidio o accidente a partir de la forma y disposición de las manchas de sangre.
La revolución también ha llegado a la sala de autopsias. Además del bisturí y las tijeras, los forenses cuentan con equipos de rayos X, tomógrafos axiales computerizados y aparatos de resonancia magnética nuclear que les permiten explorar milimétricamente los cadáveres y estudiar la forma, el tamaño, la dirección, la profundidad de las heridas y las trayectorias de las balas.
Por su parte los cromatógrafos de gases hacen posible la detección de rastros nimios de sustancias tóxicas, venenos y compuestos volátiles que manan de los cadáveres. Los avances en histopatología consiguen determinar la causa de la muerte a través del examen de los tejidos biológicos de las víctimas.
"La bioquímica nos presta un gran servicio", dice el profesor Frontela. Y añade: "El análisis, por ejemplo, de la cantidad de potasio que contiene el humor vítreo, la masa gelatinosa y transparente que rellena la cavidad del ojo, nos permite establecer el momento de la muerte, siempre que se recoja en las 24 horas posteriores al fallecimiento".